El instinto maternal en resistencia contra los campos de exterminio
14 de marzo del 2014; por Veredas Autónomas
Hace una semana Érika fue a visitar a su papá a la cárcel.
Desde hace 14 lunas, su hija, Dení Libertad, es parte de su cuerpo,
primero adentro, en su vientre, y desde 5 lunas para acá, en su
rebozo, en una relación de mutua crianza, mutua ternura y
aprendizaje.
En otros términos, más científicos, se le puede llamar una
diada simbiótica interdependiente, en donde dos cuerpos están en
una total sincronía, en cuanto a comer, dormir, provocarse
mútuamente placer, sentir dolor, crecer. Se trata de las relaciones
de intervincularidad
[1]
que todo ser tenemos con el resto del universo, pero que son más
fuertes, evidentes y potentes en la relación
madre-criatura/criatura-madre
[2]
Así que cuando Érika-Libertad llegó al campo de exterminio, que
es la cárcel de máxima seguridad en donde está encerrado su
papá-abuelo, el encargado-máquina que estaba en la aduana número 2
que separa el mundo de afuera con el mundo de adentro, le dijo a
Erika-Libertad: “mitad puede entrar y mitad no”. Obviamente no se
lo dijo así, sino con el lenguaje con el que le han enseñado a las
guardias que es políticamente correcto, el lenguaje de los “derechos
humanos”:
“
Sólo los familiares directos tienen derecho a entrar, así
que la señorita Erika Sebastián, como hija del preso Álvaro, tiene
derecho y la señorita Dení Libertad – dijo, con una cierta
dificultad en pronunciar ese nombre tan disonante con el lugar –
no
tiene derecho. Es parte del reglamento”.
Ante eso, Érika y Libertad decidieron no separarse y
renunciar al “derecho” de que la mitad de ellas viera a Álvaro,
quien a unos cuantos metros las estaba esperando con ansias, y la
mitad quedara afuera alimentándose de un polvo que los colegas de
los “derechos humanos”, los de las empresas transnacionales,
llaman
leche. Decidieron no quedar ambas mitades en un estado
de angustia por estar separadas por una serie de aduanas, individuos,
que te hacen desnudar y te amenazan y la mayoría de las veces te
violentan sexualmente con la mirada.
Así que Érika, lxs que estamos escuchando esta historia, te
preguntamos:
¿Por qué? ¿Por qué, a pesar de que tu papá está
preso desde hace 17 años por rebelarse contra la injusticia, y desde
junio está en el CEFERESO n. 13 comiendo huevo en polvo condimentado
con tortura psicológica y aislamiento, que hace más de un mes que
no lo ves, y sólo te puede hablar en llamadas de 5 minutos a la
semana, por qué, a pesar del gasto que representa para tu familia ir
a visitarlo tan lejos, decidiste no entrar a ver a tu papá y
compañero Álvaro?
“Siempre me han dicho:
no puede pasar tu hija. En un
primer momento le decía yo a la trabajadora social:
Las
condiciones de mi familia son estas y la única que puedo
visitar a mi papá soy yo. Y tengo una nena que depende de mi, porque
come de mi. Y me decía:
pues es que ese no es nuestro
problema, nosotros no podemos estar resolviéndole la vida a todos
los presos o a todos los familiares. Entonces fue algo que a mi
me indignó y me enojó mucho y le respondí:
bueno, entonces, yo
no pedí que a mi papá lo trajeran acá. Y ahora en esta visita,
esta persona de trabajo social me dice:
estas autorizada tú
y tu hermana, pero tu hija y tu esposo no, y pues ¿que se quede, no?
Y yo decía: ¿qué no piensan, no sienten, qué les pasa que tan
fácil pueden decir que se quede? Un bebé no puede estar sin comer,
los bebes comen cada dos horas, cada tres horas. Ahí saben que es
pasar todo un día desde las 9 hasta las 6 de la tarde. Entonces a mi
sí me indignó mucho y me enojó mucho que puedan pensar o darte una
orden de:
tú sí y tú no, sin contemplar todo lo que incluye
decirte
no pasas, sí pasas. Yo decidí no pasar, sí tenía
muchas ganas de ver a mi papá, pero también estaba mi hija que no
podía yo dejarla sin comida. Entonces le dije que no, que muchas
gracias por la autorización pero que no iba yo a pasar, por mi hija.
Y bueno yo creo que esa sí es una agresión tanto para Dení,
como bebé, como niña, y tanto para mi como mujer, que no me
permitan pasar con mi hija. Eso es el doble discurso de decir:
no
te estamos negando la visita, porque no me la están negando,
pero sí se la están negando a mi nena y yo no puedo separarme de
ella, pues, ahora. Y dicen que es porque no es familiar directo. Yo
me preguntaría: para ellos ¿qué es ser familiar directo? Porque mi
hija es su nieta, ¡es mi hija o sea es su hija de Álvaro! ¿cómo
no puede ser un familiar directo?
Lo podríamos resumir así: Érika no entró
por instinto. Por
el instinto que los seres vivos tenemos de criar la vida, ese
instinto que el sistema patriarcal, tampoco en su versión 3.0
llamada capitalismo neoliberal, ha logrado destruir. Por el ese
instinto maternal de nosotras las mujeres, madres, hijas y abuelas.
Por ese saber ancestral que los pueblos indígenas llaman
respeto.
Y por eso, para Érika, mujer, madre, indígena loxicha en
resistencia, esa orden del sistema no es un asunto que se pueda tomar
en consideración.
Y ahora a ellos, les preguntamos también:
¿Por qué, a pesar
de que ya una vez hicieron una excepción y Libertad entró a la
cárcel, así como su papá y compañero Eric, por qué si ya le
habían dicho a Álvaro que esta vez iban a pasar los 4, dos hijas,
la nieta y el yerno, por qué esta vez no?
Respuesta: “Porque es parte del reglamento”.
¿Y qué hay detrás del reglamento? (Esto nos lo
preguntamos nosotrxs, porque ellos contestarían que detrás de eso
están los “derechos humanos”, que hay que cumplir a través del
sistema de justicia de nuestra democracia).
Detrás del reglamento, y las excepciones a él, está la tortura
psicológica a Álvaro, a sus hijas, a sus compañerxs y a una bebé
de 5 meses.
Detrás del reglamento está una forma de concebir el mundo,
patriarcal, como un repositorio de seres individuales,
intercambiables entre ellos, eliminables, similares a máquinas, que
recargan su pila a través de ingerir cosas empaquetadas o en polvo,
y que cuando ya no les sirven o se salen de control hay que llevarlos
al taller mecánico, llamado centro de readaptación social.
Detrás del reglamento hay empleadxs que antes eran gente y que
están siendo reprogramadxs constantemente para servir a la máquina,
lxs que no aguantan, la mayoría mujeres: fuera.
Detrás del reglamento está el plan de desarrollo-despojo del
Gobierno del Estado
[3]
y las transnacionales: minas, presas, super-carreteras, parques
eólicos y campos de concentración de distintos niveles, de las
casas de “interés social” a los centros de “readaptación
social”, dependiendo las distintas funciones que lo “social”
tenga para su incontrolable sed de poder.
¿Y qué hay detrás de una madre que decide no separarse de su
hija para no dejar de amamantarla?
Detrás de esa madre está la resistencia a la tortura psicológica
de una mujer que es parte de una gran colectividad que lucha.
Detrás de esa madre, está una forma de concebir el mundo como
una madre generosa que da la vida y la defiende.
Detrás de esa madre hay un río de madres, esposas e hijas que
cotidianamente asisten al CERESO n.13 de Miahuatlán, Oaxaca, en
donde están encerrados sus 2500 esposos, hijos y padres. Llegan y
cruzan aduanas, amenazas, citas y humillaciones, sensaciones de
culpabilidad, literalmente bajan a los infiernos para poder criar con
amor y paciencia a sus seres queridos y, si se equivocaron,
abrazarlos y enseñarles la dignidad con su amor incondicional de
madres. En palabras de Érika:
“y lo que vemos cada vez que vamos es que los presos están cada
vez más delgados, más desorientandos, más con miedo. Ahí no se
permite que el preso abrace a su familia, que le de la mano,
simplemente a ellos les han dicho que si lo hacen los castigan. Eso
va en contra de las reglas y si no se obedece los van a castigar con
un año de no tener visita. Ellos dicen que los presos están
readaptándose, pero no recuerdo donde leí, dice que para que
alguien se readapte necesita estar conviviendo con sus seres
queridos, ¿no? Necesita la visita constante, y es lo contrario de lo
que están haciendo ellos.
(…) Aquí la mayoría de las visitas son mujeres: la mamá que
va a visitar a su hijo, la hermana que va a visitar su hermano preso,
la esposa que va visita su marido que está preso también, la
abuela. Es así. En menor cantidad van hombres, el hijo, el papá. Yo
escuchaba una señora que decía: “no, mi hijo no viene porque ya
le platique como es la visita y dice que él no, que él no va a
venir, porque lo revisan. (…) Y pues las mujeres somos las que nos
exponemos a todo. Y tu vas y ves la fila de mujeres con sus hijos,
sus pequeños que llevan. El dolor que llevan no lo pueden ocultar. A
veces salimos llorando, de dejar a nuestro familiar ahí y no saber
que va a pasar después”.
¿Qué es la libertad? ¿Qué es la justicia? ¿Qué
es la democracia?
Las respuestas varían dependiendo de si estamos mirando arriba a
la cúspide y la sed poder ha penetrado ya nuestros corazones, como
bien lo dice la propaganda “
lo mejor del PRI está en ti”,
o si, por el contrario, estamos mirando abajo entre las mujeres y
hombres rebeldes, como Libertad, como Álvaro y como Érika, como
todas las madres que viajan desde Tamaulipas, Jalisco y Coahuila
hasta Miahuatlán, para que no les gane el olvido, como todas y todos
los que hacen de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona
[4]
un camino de vida y de lucha.
El acto de Érika sólo adquiere relevancia en la lucha por la
libertad de Álvaro si es acompañado por una fuerza maternal
colectiva que grita:
¡Érika y Libertad no están solas!
¡Libertad para Álvaro ya!
¡Nos tienen miedo porque no les tenemos miedo!
[1]
Claudia Von Werlhof,
La Intervincularidad de Todo lo Viviente: Una
Nueva Espiritualidad para una Nueva Civilización, en
Teoría Crítica del Patriarcado, 2012
[2]
Casilda Rodrigañez,
El matricidio y la represión del deseo
materno a la luz de la neurología y de la práctica clínica
neonatal, 2006
<
https://sites.google.com/site/casildarodriganez/el-matricidio-a-la-luz-de-la-neurologia>
[3]
Video de propaganda del Gobierno del Estado de Oaxaca, “Oaxaca, el
sueño de un corazón palpitante” <
http://vimeo.com/23429570>
[4]
http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2005/11/13/sexta-declaracion-de-la-selva-lacandona/
.